Salvador Dalí, dueño y señor del surrealismo y del erotismo incomprendido

¿Qué pasa cuando el padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, deja en alguien una fuente de inspiración para pintar y crear ideas revolucionarias? Pues, no hay que pensar mucho, la respuesta es Salvador Dalí.

En 1924, algunos artistas europeos quedaron embelesados con la obra freudiana. Entre ellos, el de los bigotes raros y estilo bohemio. De ahí surge el surrealismo, y es que, para entender a Dalí, hay que entender este movimiento artístico y sus interpretaciones de cada obra.

El surrealismo floreció entre la Primera y Segunda Guerra Mundial. Las yuxtaposiciones inesperadas en las pinturas, desafiaron la imaginación del espectador. Dalí fue un revolucionario e incomprendido para esas décadas. Algo así como un freak.

Algunas de sus obras fueron consideradas grotescas. La idea de representar los sueños mediante la pintura, fue quizás algo adelantada para la época. Los surrealistas expresaban lo que les surgía de la mente, sin ningún tipo de presión o decoro.

Personalidad daliniana

Las obras de Dalí pueden ser comparadas a las carátulas de cualquier álbum de Pink Floyd, ¿o al revés? Lo cierto, es que la psicodelia, paisajismos, colores claros, religión y ciencia aparecen con bastante continuidad en sus pinturas.

Muchos aseguran que, para disfrutar de sus obras, hay que dejar de lado los juicios y decirle hola a la capacidad de análisis.

La influencia psíquica está ahí. Sus pinturas, en su mayoría difíciles de comprender, se desligan de los valores morales y estéticos. Muchas caen en lo sexual y conceden nuevas posibilidades a los conceptos de belleza y fealdad. Era una forma de gritar libertad.

Dalí explicó con letras su concepto de surrealismo. En su artículo, “La conquista de lo irracional”, considera que las situaciones de delirio surgen de la realidad cotidiana, además, la paranoia y la obsesión pueden ser interpretadas para conocerlas y dominarlas.

Se puede decir, que para Dalí estos fenómenos inconscientes pueden agruparse en un sistema.

Según él, consiguió lidiar con sus demonios, mediante la creación de las pinturas surrealistas. Canalizó sus obsesiones hacia la creación artística. Una vez plasmadas en la obra, no queda lugar para la confusión. Es decir, las creaciones del pintor, no eran más que la representación de sus obsesiones.

Esta forma de pintar, se le llamó el método paranoico-crítico.

Sus ideologías políticas tuvieron un papel importante en sus inicios artísticos. Durante su juventud, se sintió atraído hacia el comunismo y el anarquismo. Más adelante, cuando el surrealismo formó parte de su vida, se declaró anarco-monárquico.

El Gran Masturbador

La sexualidad de Salvador Dalí fue uno de sus secretos mejor guardados. Así lo dice Estrella de Diego, autora de»Querida Gala» (2003), una biografía sobre la musa del pintor.

Me encuentro en estado de erección intelectual permanente y todo se adelanta a mis deseos. Mi corrida litúrgica cobra cuerpo”, confiesa en una entrada del «Diario de un genio» (1963).

Descubrió la masturbación a temprana edad, y según él, lo hacía hasta cuatro veces por día enfrente de un espejo. La masturbación le servía de inspiración.

Le dio rienda suelta a su florecer sexual cuando dibujó una de sus grandes obras: El Gran Masturbador (1929). Muestra una deformación de la mujer mientras le realiza una felación a un hombre con las rodillas sangrando. Definitivamente, muy fuerte para la época.

Muchas biografías de Dalí, coinciden en que sus mayores placeres se inclinaban hacia el voyerismo, el fetichismo, el onanismo, y que si alguna tendencia sexual tenía era hacia el género masculino.

Solo se le conoció una musa: la enigmática Gala. También tuvo una estrecha relación con un transexual, uno de los pocos de la época, Amanda Lear, un hippie, de origen colombiano y aspecto andrógino, llamado Carlos Lozano, también se convirtió en su compañero.

En su libro de memorias contó algo rotundo:

Dalí era un voyeur, un masturbador, un perverti­dor. Pero si tenía alguna inclinación sexual era hacia los hombres y sólo para los hombres. No soportaba que lo tocasen las mujeres y yo notaba su sensación de aversión en las raras ocasiones en que eso sucedía”.

Otras de sus extravagantes obras…

  • Retrato de Picasso: en 1947, Dalí retrató a su colega Picasso. Ambos pintores se conocieron en uno de los viajes de Salvador a París. Expusieron sus obras en varias oportunidades.

  • La tentación de San Antonio: es una de las obras más espectaculares de este artista. Representa el relato recogido en la leyenda áurea por Atanasio de Alejandría y se puede ver a San Antonio arrodillado en el desierto protegiéndose de las tentaciones que le acechan. Fue pintada en 1946.

  • El espectro del sex-appeal: con esta pintura hecha en 1934, Dalí inició con su peculiar método paranoico–crítico.

  • Guillermo Tell: poco después de El Gran Masturbador, realizó este óleo. Es una representación de la relación con su padre, comparada con la leyenda del famoso Guillermo Tell, que tradicionalmente simboliza la lucha por la libertad contra la tiranía. Es de 1930.

  • Composición blanda con judías hervidas (premonición de la Guerra Civil): Salvador Dalí quiso demostrar lo que significaría para la sociedad española la Guerra Civil. Lo pintó en 1936 unos meses antes del gran estallido. Actualmente se encuentra en el Philadelphia Museum of Art. Es una de las obras más conocidas del pintor.

Sueños frustrados

Dalí murió en 1989 escuchando su disco preferido: «Tristán e Isolda«, de Richard Wagner. Podría considerarse una muerte buena, pero se fue con un sueño frustrado: hacer cine.

Por un tiempo, vio materializado ese sueño cuando trabajó con Walt Disney durante ocho meses en 1945. El trabajo fue un musical tipo fantasía y de nombre «Destino». En el 2004, los estudios ampliaron el proyecto y fue nominado al Óscar como Mejor Corto de Animación.

También colaboró un tiempo con Alfred Hitchcock en el mismo año. Pero no logró un trabajo reconocido. 

El payaso no soy yo, sino esa sociedad tan monstruosamente cínica e inconscientemente ingenua que interpreta un papel de seria para disfrazar su locura”.

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