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Mark Zuckerberg es un tipo raro

Mark Zuckerberg es un tipo raro.

Su aspecto pálido, la inexplicable cantidad de pecas en su rostro, su curioso cabello castaño ondulado y sus ojos verdes -fotografiados por Martin Schoeller para la portada de la revista Time- encendieron el rumor de que Mark era un reptiliano.

Su rareza apenas comienza aquí.

Seguro estás al tanto de que Zuckerberg, una de las personas más ricas del planeta, tiene una única forma de vestirse: jeans, franela gris y unos zapatos deportivos Nike.



t;>-¿es que alguna vez lo hemos hecho bien?-. Este reptil sí que se supo mezclar entre nosotros: los mortales, pues ese mismo año cuando nació el rumor, se convirtió en la persona del año. ¡LA PERSONA DEL AÑO! Ese honor lo debería tener un humano, ¿no?

Su reciente comparecencia en el senado estadounidense, debido al escándalo que involucró a Facebook al exponer datos de millones de personas, nos hizo ver a un Zuck con un comportamiento muy extraño.

Sus movimientos parecían controlados por una máquina, mostraba una risa no humana y una anormal forma de beber agua… la idea de un ser extraterrestre se esfumó de nuestra mente. Ahora, el creador de Facebook, también dueño de Instagram y WhatsApp, es un robot. De eso no hay duda.

Nos idiotizamos tanto con seguir a las Kardashians que nos hacen creer que su sesión fotográfica para Calvin Klein fue hermosa y que es de humanos -pero con problemas mentales- asesinar a sangre fría a otros seres humanos.

Mark Zuckerberg es un tipo raro en un mundo absurdamente normal pero claudicado, donde la regla es hacer lo que todos lo demás hacen y seguir las frívolas tendencias de personas sin ningún tipo de talento.

Un tipo raro.

¿Es un genio?

La idea de que Zuck sea un genio, que ha llegado a controlar el mundo desde un servidor, un introvertido que teme hablar en público, un genio que detesta el concepto de perder tiempo mirando el clóset buscando qué ponerse, es para el mundo entero un motivo para sospechar su origen. ¡Qué raro!

El concepto de ironía es su mera existencia. Una anomalía.

Vale, Mark quiere conectar al mundo (y ya lo logró), pero él es un tipo normal raro, frugal, con una esposa asiática, un perro y dos niños. Su aspecto es como el de cualquier persona, como tú, como yo.

Hace ocho años el periodista José Antonio Vargas lo entrevistó para The New Yorker y en sus encuentros lo calificó como una persona distante y desorientada, “una extraña mezcla entre tímido y engreído”.

Cuando no está interesado en lo que alguien está diciendo, él simplemente mira para otro lado y te dice ‘sí, sí’. A veces hace pausas muy largas antes de responderte, como si estuviese ignorando la pregunta por completo (…) puede parecer una persona arrogante y condescendiente, como si siempre supiera algo que tú no sabes. Pero cara a cara es encantador”.

Una vez le preguntaron si era la misma persona frente al público y con sus amigos. “Sí, la misma persona rara”.

Un chico raro de 34 años de edad que a los 23, pasó de ser millonario a ser multimillonario en tan solo 12 meses. En contraste, a Bill Gates le tomó cinco años.

Pero Mark siempre ha sido un geek, un apasionado de la computación. Cuando los niños de su edad jugaban videojuegos, el pequeño Zuck los creaba.

“Tenía muchos amigos que eran artistas. Ellos venían a mi casa dibujaban algunas cosas y yo construía un juego con eso”, relató para The New Yorker.

Our first family seder. Happy Passover and Easter this weekend!

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Cuando tenía 11, sus padres contrataron a un tutor de computación, David Newman, un desarrollador de software. “Él era un prodigio”.

Justo un mes antes de lanzar Facebook, Zuck se dio su primer paseo por Silicon Valley.

Recuerdo cuando llegamos, íbamos en un taxi y pasábamos por todas estas compañías tecnológicas como Yahoo! (…) recuerdo haber pensado, algún día quizá construiremos una empresa… algún día lo haremos”.

Ese día llegó.

Zuckerbeg no solo construyó una empresa, sino que levantó una revolución tecnológica para cambiar la forma en que nos comunicamos.

Y nunca ha sido por el dinero. En el 2006, Terry Semel, el entonces CEO de Yahoo, le ofreció mil millones de dólares, pero no aceptó la oferta. Mark contó a The New Yorker que Terry no podía creer que lo hubiese rechazado. “Me dijo que nunca había conocido a alguien que se alejase de mil millones de dólares, pero yo le expliqué que no es por el precio, este es mi bebé, quiero seguir manejándolo y que siga creciendo”.

Qué tipo tan raro.

PD.: No se preocupen, a Mark le preguntaron si era o no un reptil y respondió que no, no es un lagarto. ¡Uf, qué alivio!

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