Los hilos invisibles que mueven a la suerte

Muy pocas personas estarían dispuestas a aceptar que creen en la suerte. Siempre está ligada a la superstición, a lo irracional y mágico. Para muchos, es una locura pensar que la vida podría estar movida por hilos invisibles.

Además, vivimos en una sociedad completamente meritocrática. Desde pequeños nos inculcan que nuestras acciones conducen a los éxitos o a los fracasos.

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Para científicos como Richard Wiseman, profesor de Psicología en la Universidad de Hertfordshire (Reino Unido), la suerte es mucho más que sucesos inesperados, más bien es una especie de profecía autocumplida.

Wiseman escribió el libro «Nadie nace con suerte» y se autodefine como un escéptico. La suerte, para este hombre, es producto de nuestros pensamientos y comportamientos. No nacemos con esa cualidad, sin embargo, la podemos desarrollar.

A su juicio, solo el 10 % de nuestra existencia es aleatoria, el 90 % restante se define por nuestra forma de pensar.

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Factores influyentes

Ni cruzar los dedos, ni evitar los gatos negros o pasar por debajo de una escalera. Tampoco conseguir un trébol de cuatro hojas… Este científico dedicó una década completa a estudiar a las personas que se consideraban afortunadas y las que no, también.

Para llamar la buena suerte, hay tres factores comprobados por el mismo Wiseman. En xatakaciencia, los detallan:

Primer factor: las personas con suerte, acostumbran a hacer caso a sus corazonadas. En cambio, los poco afortunados ignoran su propia intuición y luego se arrepienten de la decisión tomada.

Con la suerte, se pone en práctica la inteligencia intuitiva, que defiende Malcolm Gladwell en su libro titulado, precisamente, inteligencia intuitiva.

Segundo factor: las personas con suerte perseveran cuando sufren un fracaso, mostrándose siempre optimistas. Acostumbran a pensar que sucederán cosas buenas.

Tercer factor: las personas con suerte tienen la habilidad de convertir la mala suerte en algo bueno. Los afortunados suelen afrontar el cambio como algo positivo.

A esta capacidad, los psicólogos la llaman “mentalidad de inversión”. Poder imaginar al instante que las cosas podrían haber sido mucho peores y que afortunadamente no lo son.

Las buenas rachas existen

Una de las cosas que asegura Wiseman es que la buena suerte llama la buena suerte.

Un estudio realizado por Juemin Xu y Nigel Harvey del University College de Londres y publicado en el diario El Confidencial, resalta que la investigación se centró en el mundo de las apuestas.

Los expertos intentaron explicar que la gente que se encuentra en esta buena racha, suele obtener mejores resultados. Y en realidad no se trata de ninguna mano invisible, sino del sesgo cognitivo como la falacia del jugador.

Esto consiste en que los jugadores creen inconscientemente en que la suerte lo equilibra todo “por lo que aquellos que habían vencido en las últimas apuestas, tendían a comportarse de forma más cautelosa, mientras que aquellos que estaban perdiendo, sentían que la suerte estaba en deuda con ellos, por lo que se inclinaban a apostar más fuerte”.

El resultado apoyaba estas tendencias: los que habían ganado y eran precavidos, seguían ganando; los que apostaban mal, perdían mucho dinero.

Así que la próxima vez que pienses en la suerte, ten estos factores en cuenta, ¿te parece?

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