La fantasía de Marwencol que ayudó a lidiar con la realidad de su autor

A través de una columna editada en una revista dominical cerca de 2010, donde vagamente recuerdo que se abordaban diversos temas de la cultura pop, me aproximé a un curioso proyecto, donde prevalecía la fotografía de juguetes.

Pero era algo mas allá de la simpleza de retratar a una cantidad de muñecos, recreando escenas de la Segunda Guerra Mundial.

Se veía un gran esfuerzo en contar una historia, a través de las cuidadosas imágenes captadas bajo el lente de su autor, un artista norteamericano que veía en esta propuesta, la mejor de las terapias para afrontar su tragedia.

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El ataque dejó graves secuelas en el exmiembro de la marina de los Estados Unidos, quien tras nueve días en coma, se despertó sin recuerdos, debiendo aprender nuevamente cosas tan básicas como comer, caminar y escribir.

Luego de un año de tratamientos que finalmente no pudo seguir costeando por falta de seguro médico, buscó una manera creativa para seguir recuperándose.

Y eso lo llevó a crear Marwencol, un poblado ficticio ubicado en Bélgica, durante el conflicto bélico internacional acaecido entre 1939 y 1945.

Haciendo uso de sus conocimientos en carpintería y diseño de arte, amén de volver a su afición infantil de coleccionar muñecos de guerra, se dedicó a levantar la pequeña villa a escala 1:6 en un espacio cercano a su vivienda.

Empleando las clásicas ediciones de GI Joe junto a diversas muñecas Barbie, modificados a su manera, comenzó a construir personajes basados en personas cercanas a su entorno, quienes acompañan a su alter ego plástico, en la figura del capitán Hogie.

Incluso, el nombre de Marwencol se basa en la combinación de su nombre (Mark), con el de dos de sus intereres amorosos: Wendy y Collen.

En el documental «Marwencol» (2010), se puede notar que antes de la tragedia, Hogancamp era un talentoso dibujante, gracias a que muchas de sus ilustraciones se encuentran reflejadas en sus diarios de borracho, porque, sí, su adicción por la bebida era grande.

Puede que en parte, eso haya contribuido a que pasara por lo que pasó aquella noche de abril de 2000 y que, si bien lo dejó sin el nocivo gusto por el alcohol, también le cercenó el don de pintar.

Por ello, la idea de buscar plasmar su arte, armando un mundo donde fuera mas fuerte y resuelto, contribuiría a sobrellevar sus cicatrices.

La historia comienza

Como parte de su terapia, Hogancamp caminaba varios kilómetros, trayendo consigo una réplica de juguete de un jeep militar, con dos, tres o cuatro muñecos a bordo, «bien armados».

Consideraba que éstos lo protegían de nuevas amenazas, mientras caminaba sobre el hombrillo de la vía para ayudar a su equilibrio, desgastando a su vez los neumáticos del juguete, a modo de que se vieran mas reales en sus fotos.

Fue en una de esas caminatas que coincidió con un fotógrafo profesional David Naugle, a quien le había llamado la atención el curioso ritual, tras verlo varias veces en el camino.

Su curiosidad fue saciada, tras recibir días después una buena cantidad de fotografías, dejando en el retratista una grata impresión, gracias a la narrativa y habilidad tras el lente de Mark.

Esto llevó a Naugle a suministrar las imágenes a la revista de arte Esopus, donde fueron publicadas como parte de un reportaje sobre Marwencol en 2005.

El cineasta Jeff Malmberg estaba suscrito a dicha publicación, llevándolo a conocer a Hogancamp y posteriormente a trabajar en el audiovisual que daría a conocer su historia a nivel mundial.

En un artículo publicado en abril de 2011 por The New York Times, bajo la pluma de Penélope Green, el artista aseguró que gracias a su pequeño mundo bélico de plástico, superó la ira y las ganas de querer salir a matar a todos los hombres, por quitarle lo que más amaba.

Por eso creé mi propio mundo donde mi gente me ama por lo que soy. Los trato con respeto; los cubro para que cuando los instale, se presenten fácilmente para mí. Son mis pequeños actores y actrices ”.

Mark Hogancamp para The New York Times

Impredecible y absorbente

Se puede asumir que la crítica es unánime con respecto al documental firmado por Malmberg.

La manera en que el realizador expone la vida de Hogancamp, tras su traumática experiencia y de cómo ha sabido sobrellevarla gracias a su creación, es lo que hace destacado el metraje.

Para Kevin Thomas de Los Angeles Times, el trabajo es una «celebración del poder transformador del arte para hacer frente a tantos de los desafíos que enfrentan las personas, bien sean problemas de salud, trastornos postraumáticos o estilos de vida alternativos».

David Fear de Time Out, señala que el documental de Jeff Malmberg hace «un trabajo increíble al convertir este pequeño parche de casas de muñecas en un mundo vibrante propio, utilizando las extraordinarias imágenes de Hogancamp sobre los habitantes de Marwencol con gran efecto».

Mientras que Ann Hornaday en The Washington Post, ve en la cinta «el retrato fino y delicadamente matizado de un artista obligado por fuerzas misteriosas para crear algo completamente único».

Impredecible y absorbente, ‘Marwencol’ plantea preguntas profundas (…) al mismo tiempo que se centra en un individuo inolvidable y en el impulso creativo desconocido».

Sheri Linden – The Hollywood Reporter

La cinta fue estrenada en el festival South By Southwest, siendo desde entonces premiada por otros encuentros cinematográficos en Boston, Seattle y Cleveland, además del Comic-Con Film Festival de 2011.

Esta historia daría para un trabajo de ficción en la pantalla grande, pero que no tendría la misma venia de su inspiración documental.

La decepción de Hollywood

Cuando se habla de Robert Zemeckis, hay que utilizar palabras mayores.

Responsable de una de las trilogías más queridas de la historia («Volver al Futuro») y de la siempre emotiva «Forrest Gump», se dio a la tarea de llevar un relato inspirado en Hogancamp y su mundo ficticio.

Con un guion escrito por el propio Zemeckis junto a Caroline Thompson y una reparto destacado y variopinto, encabezado por Steve Carrell («Foxcatcher»), se produciría el film «Welcome To Marwen» (2018).

Atravesó una situación muy traumática y quería convencerlo de que su historia significó mucho para mí y pienso que para todos los involucrados en hacer la película (…) La inspiración para mí fue retratar a alguien como él que, frente a una adversidad así, mantuvo su humanidad”.

Steve Carrell para Reuters

A Zemeckis le atrajo esta historia porque le encantó la idea del poder curativo del arte.

Pude identificarme con eso. Creo que es un tema universal y que todos tenemos una salida artística en la vida y la usamos para tratar de dar sentido a estas emociones tan complicadas que sentimos».

Robert Zemeckis – Fox 5

A pesar de todos los recursos hollywoodenses empleados, la película resultó ser un fracaso tanto de crítica como de taquilla (un poco más de 10 millones de dólares recaudados hasta el 6 de enero de 2019, para una producción de más de $ 39 millones, según IMDB)

«El documental es mejor (…) La película es competente y tiene ambición, pero hay muchos momentos en los que no sucede gran cosa», señala Owen Gleiberman para Variety.

Peter Bradshaw (The Guardian), considera que Zemeckis se esfuerza mucho por sentimentalizar la historia de Hogancamp, resultándole una película «laboriosa, mal concebida, desconcertante, repelente y sin sentido».

Algunos críticos sin embargo, rescatan la propuesta del director de «Cast Away» (2000), como Michael O’Sullivan de The Washington Post: «Una metáfora sobre la curación que chirría un poco pero que acaba siendo efectiva (…) La animación es excelente».

Pero Chris Nashawaty (Entertainment Weekly) va un poco mas allá, al dirigirse a quienes conocieron la historia de Hogancamp a través de la visión de Jeff Malmberg:

Si ‘Marwencol’ hizo que tu corazón se preocupara por Mark, ‘Welcome to Marwen’ hace algo muy diferente. Hace que te quieras alejar de él poco a poco».

Bien sea bajo el lente de una propuesta independiente o de gran presupuesto, el mundo de fantasía de Mark Hogancamp merece ser visto, como un ejemplo de fortaleza ante los golpes que puede dar la vida.

Marwencol en sí es una pasión que lo acompañará siempre, así como su gusto por el uso de medias y tacones de mujer (la causa de su ataque intolerante), que hoy se mantiene vivo y firme, como parte también de la persona que es.

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