Johannes Vermeer pintó escenas cotidianas y marcó el impresionismo

Fue el pintor de lo tranquilo, lo cotidiano y lo silencioso. Sus cuadros eran iluminados y sencillos. Se convirtió en gran figura del barroco holandés.

Johannes Vermeer dejó una gran huella en el arte y su trabajo sirvió como inspiración para numerosos exponentes. Su carrera fue corta, pero puede admirarse en varias partes del mundo.

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De Vermeer, se dice que fue autodidacta, ya que no se le conocen maestros. Aunque sí tuvo amigos pintores de la época.

En la página redhistoria, Helena Jiménez Bermúdez, licenciada en Historia del Arte y especializada en barroco, se refirió a Vermeer. Enfatizó que cuando entró al gremio de San Lucas, pudo dar rienda suelta a su potencial.

Ahí aprendió su estilo personal e interiorista que lo caracteriza.

Hay que tener en cuenta que Reynier, el padre de Johannes, se relacionaba con la burguesía acomodada de Delft y con artistas como Pieter Steenwyck y Balthasar van der Ast, por lo que no es de extrañar que Vermeer, también se relacionase con ellos y aprendiese ciertas técnicas pictóricas en su juventud”, explica Helena.

En ese entonces, abundaban los pintores “de encargo”, los que trabajaban de manera expulsiva para los burgueses adinerados. Vermeer se convirtió en uno dedicado a la realización de obras para las personas de buena clase económica.

Este hecho, explicaría el escaso volumen de cuadros que dejó el holandés al mercado público del arte.

En 1953, Vermeer contrajo matrimonio con Catharina Bolnes, con quien tuvo 11 hijos. La experta en arte afirma que este es uno de los hechos que han llevado a especular que el pintor, también pudo dedicarse a comerciar con piezas ajenas.

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Lo cierto es que con los ingresos que sus encargos le reportaban, Vermeer difícilmente hubiera podido afrontar el coste que suponía mantener a una familia tan numerosa y con cierta calidad de vida”, recalca Jiménez Bermúdez.

Técnica y obra

La obra de Johannes Vermeer es reducida. Se cree que apenas pintó 45 cuadros, de los cuales, 10 se perdieron para siempre. Hay que tener en cuenta que al año solo hacía uno o dos trabajos.

Sin embargo, esa mínima cantidad, permite apreciar su técnica y estilo. Los expertos hacen mención especial al exquisito tratamiento de la luz.

Pintaba objetos lujosos y exóticos, pero siempre vistos a través de una ventana o contemplados desde la calle, como si estuvieran observados por alguien más. Siempre optó por los espacios internos.

Jiménez explica que el pintor se dedicó al método al aire libre, con colores puros. Vermeer se inclinaba al impresionismo y sus exponentes utilizaban el color como una cualidad para la percepción de luz.

El color comenzó a verse como un fenómeno sujeto a las variaciones de la luz, dependiendo también de la percepción del espectador.

Vermeer fue un innovador y tuvo gran influencia en el público impresionista. Sus obras reflejaron una cualidad estética única en su época.

Hoy sabemos que Vermeer se valía de la cámara oscura para ejecutar la mayoría de sus obras, esto lo apreciamos en las borrosidades marginales y en los puntos de luz, el famoso pointillé”, explicó Jiménez.

La experta en arte añade que Vermeer no trataba de plasmar la realidad tal cual era, sino como la ven nuestros ojos.

Rompiendo esquemas

En aquellos tiempos, la pintura holandesa estaba marcada por muchos convencionalismos sociales y rigidez en las formas. El arte estaba lleno de aislamiento e individualización. Sin embargo, esto no fue común en la pintura de Vermeer.

En obras como La Lechera (1657), El militar y la muchacha riendo (1655) o La Mujer con jarra de agua (1660), se pueden ver escenas de la vida rutinaria con una naturalidad para nada común en la época.

Las personas, sobre todo mujeres, parecen casi desapasionadas, no muestran emoción alguna, es un modo de ocultar sus emociones, pues son suyas, no hay razón alguna para imponérselas al espectador”, comenta Helena Jiménez.

Sin duda, su obra más conocida es La joven de la perla, que hoy se exhibe en la Real Pinacoteca Mauritshuis de La Haya. Representa a una chica con un turbante, algo muy de moda en aquel momento, y una perla en la oreja.

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Este gran pintor tuvo una vida de éxito moderado. Murió de manera prematura con solo 43 años y su obra permaneció en el olvido, hasta que fue redescubierta en el siglo XIX por el crítico francés Théophile Thoré-Bürger.

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