Gabriel García Márquez y su estrecho vínculo con la música

Para muchos escritores, la música como acompañante en su labor creativa no le es ajena, e incluso hacen uso de esas referencias en muchos de sus relatos, sean ficticios o no.

Ejemplo de ello es el maestro del terror, Stephen King, quien ha echado mano de este recurso, al hacer mención de alguna canción o banda dentro de sus historias.

idades-de-gabriel-garcia-marquez/»>Gabriel García Márquez.

En su autobiografía “Vivir para contarla” (Norma, 2004), el mismo Gabo menciona que el grupo inglés fue uno de sus acompañantes (con su disco «A Hard Day’s Night», 1964), junto a los preludios del compositor francés Achille-Claude Debussy, mientras escribía «Cien años de soledad» en México, entre 1965 y 1966.

Solo esas grabaciones acompañaban el diario quehacer del colombiano, mientras daba forma a la dinastía Buendía. “Dos discos que se gastaron de tanto ser oídos”, aunque asumiría que «Cien años»… es un vallenato de 450 páginas.

Anteriormente, en ocasión del asesinato de John Lennon en 1980, Gabo escribió un artículo donde recordaba ese momento de fragor creativo, bajo los sonidos del impresionismo musical y el beat rock de la denominada cabeza de la invasión británica.

Esto solo es una muestra del gran significado que tiene la música en el contexto del arte que identifica a García Márquez.

Tomando nota de su autobiografía, el Nobel colombiano señaló que en momentos en que su colección musical era más amplia, adoptó para su comodidad una clasificación más hacia el tipo de instrumentos que el típico alfabético.

…El chelo, que es mi favorito, de Vivaldi a Brahms; el violín, desde Corelli hasta Schönberg; el clave y el piano, de Bach a Bartók.”

Sin embargo, él consideraba un milagro musical todo lo que sonaba, “incluidos los platos y los cubiertos en el lavandero, siempre que cumplan la ilusión de indicarnos por dónde va la vida”.

El equilibrio sonoro

Gabo llegó a limitar las escuchas de discos durante su labor, puesto que consideraba que podía darle más atención al sonido que a lo que escribía, pero con el tiempo y sus posibilidades de contar con buena música en casa, aprendió a compaginar ambos placeres.

Los nocturnos de Chopin para los episodios reposados o los sextetos de Brahms para las tardes felices. En cambio no volví a escuchar a Mozart durante años, desde que me asaltó la idea perversa de que Mozart no existe, porque cuando es bueno, es Beethoven y cuando es malo es Haydn”.

Vivir para contarla, 2004

Asume como un logro milagroso que ninguna clase de música le estorbe para escribir, aunque denotó su sorpresa cuando dos músicos catalanes le hicieron notar afinidades entre su novela «El otoño del patriarca» y el tercer concierto para piano del autor húngaro Béla Bartók, durante una entrevista.

Es cierto que lo escuchaba sin misericordia mientras escribía, porque me creaba un estado de ánimo muy especial y un poco extraño, pero nunca pensé que hubiera podido influirme hasta el punto de que se notara en mi escritura”.

Tanto fue así que durante el acto donde recibió el Nobel de Literatura en 1982, la Academia Sueca colocó de fondo dicha composición. “Lo agradecí en el alma, por supuesto, pero si me lo hubieran preguntado (…) me habría gustado alguna de las romanzas naturales de Francisco el Hombre (leyenda del imaginario vallenato) en las fiestas de mi infancia”.

Letra y música

Si “Cien años de soledad” suena a vallenato y “El otoño del patriarca” a Bartók, “El amor en los tiempos del cólera” emana bolero.

Por ello, no se requiere una mención obligatoria a un tema o artista en particular para sentir la melodía en muchas de las líneas que integran la obra garciamarqueana.

El sitio web del Centro Gabo, organización de interés público creado por el estado colombiano en 2014 con sede en Cartagena, indica que para Gabo, su residencia no estaba en donde estaban sus libros, sino sus discos.

Prefería la música sobre la literatura, razón por la cual algunas bibliotecas en sus casas eran eclipsadas por un vastísimo repertorio de cassettes, long plays y discos compactos. Es decir: que Gabo anteponía el oído a la lectura”.

Dicha página reúne varias reflexiones de Gabo, en torno a su vínculo con el sonido.

Por ejemplo, en un artículo titulado “García Márquez y la música”, publicado en 1984 en la revista Opina, el autor resalta su afinidad por toda la música, a la que ha seguido.

Además, no oculta su preocupación al no entender cómo una persona que quiera ser culta, no tenga la música como uno de los elementos fundamentales de su formación cultural.

En el mismo artículo, no aparta lo sonoro de su carácter revolucionario, esa característica afín a García Márquez, al igual que lo es la literatura y la poesía.

El bolero es uno de los géneros que entra en este apartado, siendo por su estructura y el vehículo de sentimientos y situaciones que lo conmovieron tanto a él como a muchos de su generación.

Un bolero puede hacer que los enamorados se quieran más y a mí eso me basta para querer hacer un bolero. Lograr que los enamorados se quieran más, aunque sea un momentico, es culturalmente importante, y si es culturalmente importante es revolucionario”.

Incluso, su predilección hacia la música ha intentado traspasar más allá de la inspiración al escribir o el placer melómano.

Esto parte de un proyecto que no pasó de ser eso: un álbum de boleros junto al destacado compositor Armando Manzanero.

…Un long play de boleros, con letras mías y música de él (Manzanero), pero esa es la vaina más difícil que hay. ¿Te imaginas meter toda una cantidad de argumentos en siete u ocho líneas? Esa es la admiración que le tengo a Escalona y a todos esos compositores vallenatos”.

“Cuando Escalona me daba de comer”. Revista Coralibe, abril de 1981.

Y una muestra de su humor también se observa en una entrevista de 1968 para El Tiempo de Bogotá, cuando afirmó que se dedicaría a la música y a componer para un instrumento incomprendido:

…Me voy para Barranquilla y me pongo a escribir un concierto para triángulo y orquesta. Es que al pobre triángulo lo tienen fregado. ¿Ha visto una partitura para triángulo? Es una vaina en que se pasan páginas y páginas y, de golpe, tin. Triste. Voy a componer una obra que constituya la rehabilitación del personaje más olvidado de la orquesta; lo pongo al frente del escenario, antes que todos los demás instrumentos, enciendo las luces y hago que la orquesta entera trabaje para el triángulo. El triángulo será la medida y el desenlace de todo”.

Queda la certeza entonces que las melodías en sus distintas composiciones han tenido un importante espacio en la vida y obra del hombre a quien se le debe buena parte de las páginas que identifican al realismo mágico latinoamericano.

Y esto tuvo consecuencias satisfactorias en el arte sonoro de incontables cantantes y agrupaciones, como la leyenda vallenata Rafael Escalona pasando por Daniel Santos, Silvio Rodríguez, Rubén Blades y Carlos Vives.

Shakira también entra en este grupo, e incluso el mismo Gabo declaró ser su fan y le invitó a participar en la banda sonora de la versión fílmica de «El amor en los tiempos del cólera».

Y una demostración de la universalidad del escritor es haber servido de musa a través de su arte, para la banda británica Arctic Monkeys.

El realismo mágico de Gabriel García Márquez influyó en gran parte de nuestro material ‘AM’. La mayoría de las canciones describen escenarios que se sienten como un cuadro surrealista. Estuve leyendo ‘Cien años de soledad’ y yo creo que sobre eso me ha llegado la inspiración”.

Alex Turner (Arctic Monkeys) para The Guardian

Playlist de Gabo

Tomado del sitio del Centro Gabo, así como de El Comercio de Perú, en base a entrevistas, reportajes, testimonios de amigos, confesiones del mismo autor y comentarios de artistas inspirados en su obra.

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