Frida Kahlo convirtió el arte en su escape del sufrimiento

Frida Kahlo hizo una obra de arte de sí misma. Autora de uno de los legados artísticos más icónicos del siglo XX que supo transmitir en sus trazos la fuerza y la pasión de una vida llena de sufrimiento, una mujer que fue marginada e ignorada en su momento pero que ahora, es mundialmente aclamada.

Desde el dolor construyó su arte e hizo de su cuerpo un lienzo en blanco sobre el cual exteriorizar su extravagante personalidad. Ella, no escatimaba en jugar con sus peinados, aplicándose trenzas de llamativos colores y flores, hacia uso de grandes vestidos estampados y ni hablar de sus pronunciadas cejas, bigote y hasta el vello en las axilas. Todo esto deja en evidencia que estamos en presencia de una de las mujeres con uno de los carácteres más fuertes de la época.

Toda una novedad, para un tiempo dominado por hombres. Kahlo luchó por la visibilidad de las mujeres en una sociedad machista siendo una gran influencia para las marginadas, creando una estética feminista en sus piezas.

Estaba claro, que no le importaba la opinión de terceros, ella era como quería ser y se sentía bien así. Sin embargo, no era feliz, ni escogió ser así por voluntad propia, los designios del destino se encargaron de virarle el camino en numerosas oportunidades.

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Entonces, ¿a qué se debe esto?, ¿cómo una tierna niña de Ciudad de México se transformó en una badass del arte?

Desde corta edad, Magdalena Carmen Frida Kahlo (nacida el 6 de julio de 1907 ) mostró un temperamento fuerte y posesivo, quizás heredado de su padre Guillermo, un alemán que sufría de episodios epilépticos. Sus constantes convulsiones le limitaron laboralmente en su país, por lo que decidió emprender una nueva vida en México. Sin duda, Guillermo fue la piedra angular en la formación dela personalidad de Frida; él siempre mostró su favoritismo por ella, por encima de sus demás hermanas.

La que lleva paz. Es el significado de su nombre en alemán. Sin embargo, la vida de Frida estuvo algo distante de alcanzar dicho estado.  Ya que desde su infancia estuvo marcada por la enfermedad y la soledad.

Con tan solo cuatro años padeció de polio, lo que la obligó a pasar muchos meses en una cama. Para su rehabilitación y a sugerencia de su padre, la pequeña Frida empezó a practicar fútbol y boxeo, deportes poco comunes para una mujer.

Aun así, este esfuerzo le fue en vano ya que esto no impidió que la afección hiciese estragos en su vida, por lo que su pierna y pie derechos quedarían deformados para siempre.

Por esa razón, siempre vestía esos tradicionales trajes tehuanos largos y coloridos, en un intento por camuflar esta deficiencia.

 Un escape al dolor

Años más tarde, Frida se convirtió en una joven dinámica, llena de vitalidad, agradable y de humor sarcástico. En 1922, fue una de las 35 mujeres que por primera vez ingresaron a la escuela secundaria de Ciudad de México.

En aquel tiempo llegó a vestirse de hombre, cortó su largo cabello y lograba romper con los roles que se suponía debían cumplir las mujeres de la época.

Todo iba aparente bien, hasta que llegó 1925, recién cumplía la edad de 18 años cuando tuvo un aparatoso accidente de bus. Esto la dejó con la columna vertebral destruida y fracturas en las costillas, la clavícula, el hueso pélvico, la pierna derecha y la vagina, y provocó que tuviera que pasar tiempo inmovilizada para poder recuperarse.

Su útero quedó perforado, sin posibilidad de tener hijos. Además, tuvo que someterse a más de 30 operaciones y hacer uso de incómodos y dolorosos corsés de yeso. La mayor parte de su vida convivió con el dolor.

Lo único bueno que tengo es que ya voy empezando a acostumbrarme a sufrir”, dijo en una oportunidad.

Este hecho le truncó para siempre su deseo de convertirse en médico. Y es así como comenzó a demostrar interés en la pintura porque era una de las pocas cosas que podía hacer acostada boca arriba en la cama. El arte se volvió en su escape del dolor.

Pintaba su propia realidad

A través de sus pinturas, Frida se refleja a sí misma con sus sueños, pesadillas y dolores en señal del realismo en el que vivía. Pintaba lo que mejor conocía: su propio rostro, ya que era lo único que quedaba al descubierto en sus años postrados en una cama.

Creían que yo era surrealista, pero no lo era. Nunca pinté mis sueños. Pinté mi propia realidad».

«La columna rota» (1944) refleja la angustia de Frida, plasmando los 18 puntos neurálgicos del dolor que la aquejaba. Cuando Frida pintó este autorretrato, su salud se había deteriorado hasta el punto de tener que llevar un corsé de acero para sujetar su columna vertebral.

Otro de sus autorretratos, «El venado herido» (1946), muestra 11 flechas sobre un venado que coinciden con los puntos álgidos de la fibromialgia, una enfermedad crónica que contrajo Frida y que se caracteriza por dolor musculo-esquelético generalizado.

La obra de Frida no fue la único que llamó la atención de la artista; también su estilo personal. Sus collares de pedrería, sus aretes largos, los listones y las flores de su cabeza, hacían que su presencia fuera diferente. Sea como sea, se volvió un ícono de moda y en octubre de 1937, fue retratada por la fotógrafa estadounidense Toni Frissell para la revista Vogue.

Un amor tormentoso

Sus pinturas, más tarde la acercarían a otra de sus pasiones, el amor por el muralista Diego Rivera, con quien se casa a la edad de 22 años. Realmente su relación merece un capítulo aparte, un idilio controlado por la pasión y la tortura, tan tormentoso como enriquecedor artísticamente, ambos constituyen un hito de la historia artística mexicana contemporánea.

Su relación estuvo marcada por los conflictos e infidelidades… Diego la engañaba y ella también a él, tanto como hombres como con mujeres… sí, Frida era bisexual.

Él soportaba que ella estuviera con mujeres, pero no aceptaba su infidelidad con los hombres.

Luego de 10 años de casados se divorciaron. Sin embargo, la pasión del uno por el otro los hizo regresar poco tiempo después de separarse. Frida siempre afirmó que había tenido dos accidentes en su vida: el primero había sido el accidente de tráfico y, el segundo, Diego Rivera.

En este sentido, Frida y Diego llegaron a definir su relación como quisieron y no como los convencionalismos y las tradiciones demandaban:

No hablaré de Diego como de mi ‘esposo’ porque sería ridículo. Diego no ha sido jamás ni será ‘esposo’ de nadie. Tampoco es un amante, porque él abarca mucho más que las limitaciones sexuales”.

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El motivo del atrevimiento de Frida a la hora de amar a un hombre reconocido por su fama de mujeriego, nadie pudo ni podrá nunca determinarlo. Quizás, una característica propia de su incomprendida personalidad.

Frida Kahlo, quien falleció el 13 de julio de 1954, fue una mujer transgresora y valiente. Desafió a las tradiciones de su tiempo y se levantó como la auténtica protagonista de su obra, algo nada común en ese entonces para una mujer.

Se le considera por ello, una precursora a la hora de reivindicar y expresar la identidad femenina. Pero, sin duda, lo más destacable fue su capacidad para sobreponerse a una vida marcada por el dolor.

Para entenderla y tratar de comprender a fondo su personalidad, es necesario detallar sus cuadros y pinturas, los cuales trazó con pasión y coraje; por ello es fuente de inspiración para todas aquellas personas que sufren en silencio.

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