Ella convirtió a sus víctimas en jabón y galletas para el té

Terminó en la olla, igual que las otras dos. Su carne era muy blanca y cuando se derritió, agregué un frasco de perfume y después de mucho tiempo en ebullición, pude hacer jabón cremoso, bastante aceptable. Lo regalé a los vecinos y conocidos. Los pastelillos también eran mucho mejores: la mujer era realmente dulce”.

Así, la italiana Leonarda Cianciulli confesó sin vacilar y sin arrepentimiento uno de sus crímenes.

diendo ropa usada y también como vidente. De esta manera pudo escoger muy bien a sus amigos, más tarde, víctimas.

Leonarda era fascista y se unió al partido Esotérico Metodista Nazi, se aprendió el «Necronomicón», «La llave de Salomón», «El gran Grimorio» y «Mi lucha«.

Además, se convirtió en autodidacta de las ciencias ocultas. Aprendió cómo manipular a las personas con sus propios miedos y frustraciones.

Mujeres sin familia cercana y con algún patrimonio que antes de ser cruelmente sacrificadas, donaron a cambio de un «arreglo» que cumpliera sus deseos: matrimonio, posición, trabajo, fueron las escogidas para asesinarlas.  

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Y justamente estos aportes levantaron las sospechas que acabaron por meter a Leonarda entre rejas el 20 de julio de 1946.

Conocida como «la jabonera de Correggio», lugar donde vivía, no hay manera de justificar sus acciones, pero sí podemos entender un poco lo que provocó que actuara así.

Culturacolectiva.com explica cómo su vida estuvo condenada desde el principio por una violación. Según Leonarda, su madre alcohólica le puso una maldición cuando no quiso aceptar un matrimonio arreglado con su primo.

En toda su vida, intentó suicidarse dos veces. Esto y sus múltiples supersticiones la llevaron por un camino de ignorancia, rabia y crímenes.

De joven asistió a un adivino que no le predijo un futuro brillante. Le dijo que tendría que perder a sus hijos y acabaría presa. Leonarda tuvo 17 embarazos, perdió a tres de sus hijos antes de nacer, y 10 hijos más murieron durante su niñez. Solo le sobrevivieron cuatro, a quienes sobreprotegía. 

Con las palabras del vidente en la cabeza, se dio a la tarea de cuidar a sus hijos de manera poco convencional. En su mente, el único modo de protegerlos era haciendo sacrificios humanos.

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Modus operandi

Cianciulli se hacía pasar por adivina. Su modus operandi consistió en atraer a sus clientes, drogarlas y deshacerse del cuerpo de la manera más enferma.

Fueron tres homicidios imputados a esta mujer.

El de Faustina Setti, Francesca Soavi y Virginia Cacioppo. Sin embargo, no solo las asesinó por decapitación, sino que las desangró para hacer unos rituales y terminó descuartizándolas.

En rolloid describen detalladamente cómo fue cada víctima de esta mujer…

Para liberarse con más facilidad de los cadáveres, los hirvió en una gigantesca olla con varios kilos de soda cáustica.

Con la sangre, preparó pasteles y galletas que regaló a las personas que la visitaban. Y con la grasa, se deleitó haciendo jabones.

Leonarda narró lo que hizo con su primera víctima, Setti:

Coloqué los trozos en una olla, usé siete kilogramos de soda cáustica, la misma que utilizaba para hacer jabón. Lo mezclé hasta disolver, era una papilla espesa, oscura, que vertí en varios recipientes y después la arrojé a una fosa séptica. Había guardado toda la sangre en una vasija, esperé hasta que se coaguló, la metí al horno, la molí y mezclé con harina, azúcar, huevo, chocolate y mantequilla para hacer unas deliciosas galletas para el té. Hice un montón de galletas crujientes que después serví a mis visitas, aunque Giuseppe (hijo) y yo también comimos”.

La ola de sacrificios terminó rápido. La investigación no duró mucho, pues la asesina confesó rápido y justificó sus asesinatos diciendo que fue por puro amor de madre. De inmediato, fue llevada a juicio.

Aceptar lo que había hecho, le sirvió a Leonarda de atenuante en la pena, por enfermedad mental.

Finalmente, la pena fue 30 años por continuidad de delito. Esta señora tenía antecedentes por robo y amenazas a mano armada.

Varios artefactos que usó para matar a sus víctimas están en exhibición en el Museo de Criminología en Roma.

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