El mito que rodea a la oreja de Van Gogh

Todos hemos oído alguna vez la historia sobre cómo el pintor holandés Vincent van Gogh (Groot-Zundert, 1853) se cortó él mismo su oreja. Es un relato realmente interesante, del que además, ha surgido un sinfín de teorías que comprueban o rechazan lo que realmente ocurrió.

En la revisión de varias biografías del artista, aparece la versión más conocida y repetida.

Era 1888, Arles, sur de Francia. Van Gogh se sentía bastante inestable emocionalmente, al punto de que su capacidad mental fue puesta en duda y por ello, recluido muchas veces en instituciones psiquiátricas.

El holandés estaba traumatizado por la soledad y sus demonios personales. Con el fin de combatir sus pesares, Van Gogh alquiló una casa en Arles, a la que invitó a algunos colegas para trabajar juntos en el arte.

Ya el creador era medianamente conocido por sus trabajos, aunque no alcanzó la fama definitivamente luego de su muerte en 1890, cuando sus obras fueron vendidas a precios exorbitantes.

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El pintor francés Paul Gauguin atendió el llamado de Van Gogh y se instaló en la vivienda para formar parte de una sociedad artística. Lo cierto (supuestamente) es que el oriundo de la nación de los tulipanes seguía con su lucha interna, por lo que siempre sostenía acaloradas discusiones con Gauguin.

Una de esas peleas, llegó a la violencia. Se dice que luego de la riña, Van Gogh tomó una navaja de afeitar y él mismo se cortó el lóbulo de la oreja izquierda, como un modo de mostrar su arrepentimiento. La parte arrancada de su cuerpo se la envió a Gauguin, quien en lugar de enternecerse, lo calificó de loco.

La investigación

Tuvieron que pasar muchos años para echar por tierra la versión anterior.

Los escritores alemanes Hans Kaufmann y Rita Wildegans resumieron en su libro “Van Gogh’s Ear: Paul Gauguin and the pact of silence” (2009), todos los datos importantes que le dan la vuelta a la historia popular.

Resulta que Van Gogh no se mutiló él mismo la oreja, sino que Gauguin en medio de su ataque de ira, utilizó una espada para atacar y herir a su compañero.

Kaufmann y Wildegans dieron con varios testimonios de testigos de las constantes peleas de Van Gogh y Gauguin, así como con distintas cartas que se habían enviado entre ellos.

Gauguin tenía altos conocimientos sobre las espadas, sabía manejarlas y supuestamente, luego de seccionar la oreja de su colega, éste la tomó, la envolvió en una tela y se la regaló a una prostituta llamada Raquel.

Pacto entre amigos

De acuerdo con lo hallado por los investigadores alemanes, tanto Van Gogh como su compañero francés, hicieron un pacto para contar a la policía la versión de la automutilación con el propósito de que Gauguin no tuviera problemas con la justicia.

Era obvio que a pesar de sus peleas, aún había afecto y amistad entre ambos.

Sin embargo, Kaufmann manifestó a un medio de comunicación francés que existen muchas contradicciones sobre lo que pasó, pero lo que sí es cierto es que Gauguin no presenció la automutilación de Van Gogh y tampoco hay otras personas que puedan dar fe de ello.

Durante años, Van Gogh fue abordado y preguntado sobre ese hecho, pero nunca quiso dar detalles. Así, surgen las suposiciones de que detrás del “caso de la oreja”, hubo más cosas que no se quisieron decir, ni hacer públicas.

Los amigos tomaron sus rumbos separados. Gauguin se marchó a París para continuar su proceso creativo, que luego lo llevó a Tahití y las islas Marquesas, donde obtuvo conocimientos sobre la corriente neoclásica.

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Por su lado, en 1889, Van Gogh ingresó por voluntad propia a un hospital psiquiátrico en Saint-Rémy-de-Provence, donde permaneció 12 meses. Mientras estuvo en la institución, siguió pintando para liberar las sensaciones de soledad y frustración.

Un poco mejor de su condición mental, un año después viajó a París para reunirse con su hermano Theo. El desánimo y las crisis nerviosas no se detuvieron y en 1890, y a los 37 años de edad, Van Gogh se disparó en el pecho con un revólver.

El autor no falleció de inmediato, estuvo mal herido durante dos días, cuando dejó de respirar acompañado de su hermano Theo.

Pero como las dudas siempre rodearon a Van Gogh, en el 2011, los escritores Steven Naifeh y Gregory White Smith publicaron el libro “Van Gogh: la vida”, en la que lanzan la hipótesis de que supuestamente, el artista no se suicidó, sino que unos muchachos le dispararon en el campo de forma accidental. Nada se ha comprobado al respecto.

Quedó así un legado de unas 500 obras creadas por el holandés.

Prefiero pintar ojos de seres humanos en vez de catedrales, ya que hay algo en los ojos que no está en las catedrales, no importa lo solemne e imponentes que éstas puedan ser. El alma de un hombre, así sea la de un pobre vagabundo, es más interesante para mí».

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