Arte empañado por el régimen de Corea del Norte

Un país aislado, que vive bajo un régimen desde hace décadas. Gris, frío, triste, distante y muy misterioso.

Apenas tenemos algo de conocimiento sobre el mundo político de Corea del Norte, pero el resto de lo que sabemos se basa en rumores.

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Con la llegada de Kim Il-Sung al poder con su Partido de los Trabajadores, se estableció un estricto orden en las características del arte, pero fue luego de la guerra y de la fallida intención de unificar toda Corea, que el norte se cierra y empieza a delimitar su política, costumbres y cultura.

Durante la década de los 40, la literatura norteña fue como una imitación del estilo social soviético. Luego de la muerte de Stalin, II-Sung aprovechó para librarse de todo lo ruso e imponer sus propios criterios.

La nueva literatura siguió de corte propagandístico, pero centrado en mostrar un líder de buen corazón, fuerte, inteligente y con cualidades místicas llegando a posicionarlo como creador del mundo. Todo un Dios coreano.

Se utilizaba mucho la poesía, los textos cortos y directos, porque ocupaba menos papel y era más fácil de difundir en los periódicos.

Cada obra debía pasar por un sistema de censura muy estricto antes de ser publicada. Esto, sigue así hoy en día.

Una de las obras más conocidas es «Chacales» (1951) de Han Sorya. Es una novela en la que soldados americanos asesinan a un joven coreano con una inyección química.

El texto sigue siendo de mucha influencia hasta el día de hoy y se usa la palabra “chacales” para referirse a los norteamericanos.

Un país triste y estricto, tiene que tener música con iguales características.

La educación musical es practicada desde temprana edad y se exige un alto nivel de disciplina. Se enseña a tocar en grupo, porque la intención es incorporar la idea de que cada persona es pieza importante del engranaje social.

Las óperas, los himnos y la música militar son los géneros más comunes de escuchar en Corea del Norte.

Las canciones, en su mayoría son revolucionarias y conocidas como Taejung Kayo. Las letras generalmente son elogios al «supremo líder», relatos populares y mensajes socialistas.

La poca música pop es interpretada por cantantes femeninas con mucho estilo de los 70 u 80.

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Más interés cultural…

Con la muerte de Kim Il-Sung, llegó la era del segundo supremo líder, su hijo Kim Jong-ll. Para sorpresa de muchos, está mucho más interesado en la cultura occidental.

Algunos géneros musicales que antes estaban prohibidos como el jazz, se estimularon y fueron difundidos por toda Norcorea.

Esta apertura a influencias culturales del exterior, llegó a su extremo con la creación de la Moranbong Band, el primer grupo íntegramente femenino. Estas mujeres usan vestidos y peinados modernos o al menos, un poco más cool que lo que se acostumbra a ver en ese país.

En cuanto al cine, para Kim Il-Sung el cine siempre fue el mejor vehículo para distinguir su propaganda e ideología, por lo cual, el principal estudio fílmico norcoreano es del Estado y produce alrededor de 40 películas por año. 

Existen otros, pero no producen tantos filmes…

Por supuesto, que las cintas permitidas (de guerra, acción, espionaje, dramas sociales, ciencia ficción, animación infantil y documentales), están bajo un fuerte régimen de revisión y filtro ideológico.

Una vez más, los gustos “excéntricos” de Kim Jong-Il lo llevaron a querer acercarse a géneros cinematográficos antes prohibidos, por lo que mandó secuestrar al cineasta surcoreano Shin Shang-Ok.

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Durante los ocho años que estuvo secuestrado, hizo seis películas.

Sobresale la que hoy en día es la cinta norcoreana más conocida en occidente: «Pulgasari», una especie de «Godzilla» revolucionario que pelea con el pueblo para vencer a un rey opresor.

Pintura en contra del régimen

Kang Chun-huok y Oh Sung-cheol son dos pintores desertores norcoreanos que huyeron al sur.

Desde Seúl, no solo encontraron libertad, sino también su realización como artistas. Algo que nunca pudieron hacer estando en un régimen.

En Corea del Norte no hay escuelas ni academias de arte donde uno pueda formarse libremente. Pero, como de niño yo era bueno dibujando, en mi colegio me encargaban pintar carteles de la propaganda para el tablón de anuncios», contó Kang Chun-huok para la ABC de España.

Kang solo pintaba musculosos soldados y campesinos u obreros dispuestos a pelear contra “los imperialistas de Estados Unidos”.

Desde la capital de Corea del Sur, crean con mucha ironía, la diferencia entre la propaganda norcoreana y la dura realidad del país.

Kang pinta viñetas humorísticas que se burlan del joven dictador Kim Jong-Un.

Sin renunciar a los temas fuertes, voy a seguir con este estilo cómico y más ligero», señaló en la misma entrevista.

Las barreras siguen levantadas en Corea del Norte y el arte no se escapa de esto…

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